Hay una propiedad singular a los libros, su presencia se vuelve invisible cuando los leemos. Si pudiera decirse algo del deseo que impulsa la Granja de Libros es el de la persistencia de las cualidades físicas de libro. El trabajo implicado en el diseño de objetos que insistan en dicha fisicalidad evoca el poder encarnado en la forma del Libro, del códex, y por esa razón subraya los propósitos rituales y sociales que tiene el libro además de ser leído.



Muchas veces este Libro nos recuerda formas más casuales en las que su uso es más bien el de un objeto, como pisapapeles, como barrera a una conversación no deseada, como abanicos en el calor asfixiante de la galería llena de espectadores inadvertidos. El que muchos libros permanezcan cerrados —mostrando más bien la forma y la masa de un objeto silencioso— puede significar que el valor que ponemos en el libro no siempre descansa sobre el texto que contiene. De esta forma, el libro ofrece una revelación sobre la bibliofilia, sobre el amor que le tenemos a cierta copia particular más que la historia en sí misma, y sobre la pasión y la perversión del coleccionismo de libros. Así, para el fetichista freudiano que entiende que el interés en los zapatos yace en algo más que su propósito de proteger el pie, para el coleccionista de libros, (así como, quizás, para el coleccionista de Libros) el valor del mismo va más allá de lo que se entiende por el uso convencional del libro como un dispositivo para el soporte del lenguaje.



¿Es posible que, oponiéndonos a las palabras resonantes de la sabiduría popular, lo que importa no sea lo interior? El Libro, como representación del libro —con sus encuadernaciones sencillas o extravagantes, sus capitulares adornadas o tipografías grotescas— puede recordarnos sobre las formas de valor que no se asocian con el mérito literario que ya podría estar inscrito en el libro. ¿por qué habríamos de denigrar esos otros valores? el gran número de biblias que eran más bien libros-objeto, reliquias, por ejemplo, evocan no solo el papel representado más allá de la Escritura, sino el de objeto perdurable que consolidaba las relaciones entre un grupo a través de su presencia material, no a pesar, sino precisamente por su persistente materialidad.
Las anteriores consideraciones son el espíritu general de Flores Artificiales y Libros Humildes, los frutos del trabajo que en un sentido muy profundo está conectado con la evocación del campo y la granja.

 
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